Dec 18

Barbijaputa, crueldad y Twitter

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Ayer tuve un encontronazo con la famosa starlet de Twitter Barbijaputa  y es interesante y pertinente comentarlo porque su modus operandi en el debate público es similar al de los superacadémicos que aquí he criticado en anteriores ocasiones. El origen de la disputa fue su reacción a las críticas recibidas por un usuario al que su broma: Ayer leí que uno de cada tres cánceres son provocados por la mala alimentación y llevo 24horas comiendo espinacas. Vosotros qué tal todo? no le gustó. Su comentario fue Mejor no frivolizar con ese tema, no? o lo encuentras gracioso? y la réplica de la starlet: perdona que no te haya contestado hasta ahora, estaba cenando y haciendo la metástasis.

Como es obvio, los comentarios de Barbijaputa, más que graciosos, son estúpidos y propios de una persona con una edad mental de 6 años, que suelen ser quienes tienen problemas con comer espinacas. A mí no me ofendieron, pero el usuario que protestó no lo hizo para censurar o exigir límites en la libertad de la expresión. Lo hizo para recordar que la frivolidad puede resultar ofensiva. Sin embargo, recibió crueldad y arrogancia por Barbijaputa porque, como señaló otro usuario, quien estaba protestando sólo tenía 11 followers. Es decir, como es bajito, le podemos arrear con toda libertad. Algunas personas intervinieron para comentar que el tema tenía poca gracia, pero fueron mayoría quienes demandaron el uso de un humor sin límites y, si es posible, cruel con los débiles. En este punto, ‏@magAgrafa escribió: Perdonad, del cáncer también. Hacer humor sobre cáncer no provoca cáncer, ríanse tranquilos. Como se trataba de una afirmación falsa, me sentí obligado a participar para decir: No es humor sobre el cáncer. Es ridiculizar la prevención.

‏@magAgrafa me contestó: venga! O sea, chistes sobre cáncer SÍ pero sobre prevención NO. Amo vuestros límites y, para que entendiese que el humor no es como un juego lógico desconectado de la realidad sin una función social y consecuencias sobre nuestro comportamiento, le expuse: Cuando los chistes sobre matar a mujeres te resulten graciosos, me avisas. Llegados a este momento, cualquiera esperaría sensatez, especialmente de personas que gustan de adscribirse a posiciones políticas de izquierdas, porque estaba haciendo hincapié en un aspecto bastante obvio del sentido del humor: que es un privilegio. Como hombre blanco heterosexual en un mundo construido por el hombre blanco para el hombre blanco, mi situación es por definición de privilegio. Hace muchos años me de cuenta que podía permitirme reírme de mí mismo, porque eso no tenía consecuencias sobre mí. Por el contrario, si fuese mujer o negro, no podría hacer humor machista o racista porque, de ese modo, estaría legitimando ese tipo de actitudes. Este aspecto de la psicología, conocido como vulnerabilidad al estereotipo negativo, destaca cómo de influenciables y condicionables somos a los comentarios como los chistes y como escucharlos sin que reciban censura social sí afecta a nuestro comportamiento y promueven ese tipo de actitudes. Por esta razón, siempre que he escuchado a una mujer hacer o reírse de chistes machistas se ha dado la coincidencia de que se trataba de una persona frívola de elevada posición social gracias a una familia de derechas de toda la vida que podía ofrecerle el estatus y bienestar necesario como para permitirse el lujo de reírse de las mujeres, típicas bromas que, cuando tienes un empleo de currito y eres mujer, no suelen entusiasmarte. Hecha esta explicación, relatamos la respuesta de ‏@magAgrafa: Avisado quedas puesto que me matan de risa JUAS

Como no soy capaz de verle la gracia, replico: La frivolidad con el dolor ajeno no tiene gracia. Lo siento. Contesta: 1.confundes frivolidad con humor. 2.¿consientes chistes de ciegos, cojos, locos etc? también somos enfermos. 3.Rite. Le explicamos: Esos chistes sólo pueden ser graciosos si los hacen ciegos, cojos o locos para ellos mismos. Eso sí es humor. Aquí entra la superestrella Barbijaputa: ha dicho de verdad que los cojos han de hacer chistes de cojos y los ciegos de ciegos? Le intentamos explicar: No, hemos hablado de hacer humor del dolor. Eso sólo se lo consiento a quién sufre ese dolor. El resto calla. Su contestación: el de un ciego que le pregunta a un cojo “cómo andaa?” y el otro le dice “pues ya ves” lo tienen que contar entre dos.

Este chiste y el punto que Barbijaputa intentaba defender me parecieron interesantes, porque, al igual que los economistas que aquí he criticado por su pretensión de hacer una ciencia matemática pura y neutral desconectada de la realidad social, Barbijaputa defendía que el humor era un espacio neutro de equívocos lógicos del lenguaje. Para que entendiese que no era el caso, le escribí: Sería tan gracioso contarlo en una ventanilla de la administración para la ayuda a la dependencia. ¿Te animas? Su respuesta: jajajaja, madre mía… cuéntanos un chiste sobre disminuidos psíquicos, tú que puedes. Que bien, habíamos llegado a la descalificación personal. Pero, como soy una persona con sentido del humor, le contesto: Te dejo a ti los de pijas que atropellan a minusválidos y se dan a la fuga con su descapotable. Tienes maneras. Ya que tanto le gusta frivolizar, imagino que será fan de la serie de películas de terror Sé lo que hiciste el último verano que, después de todo, no es más que un sangriento chiste en defensa de nuestro derecho de atropellar a los infrahumanos sin soltar el acelerador para llegar a tiempo al lunch de una universidad top yanqui.

Me equivoqué, su respuesta fue escribir a sus seguidores que Me acaban de decir que soy una pija que atropella minusválidos en un descapotable. Superad eso. Esto lo escribió de tal manera que no pude leerlo para replicar, pero, además, era una especie de llamamiento a sus followers para que acudieran al rescate. Algo parecido a lo que hizo el Profesor José Mulet cuando discutí con él, con la diferencia que él tenía 14.000 seguidores y Barbijaputa casi 140.000. Desde ese momento, llegaron presto los pelotas a ayudar a la abeja reina con la esperanza de que, por servir a una starlet de las redes sociales, les haría retweets, promocionaría sus blogs o yo qué sé que alimentase su vanidad. Me tocó discutir con todos y contestarles a cada uno y recordarle a Barbijaputa que no fuese cínica, porque yo no había dicho lo que ella afirmaba. De todas formas, llegados ya a este momento era evidente que Barbijaputa sólo era otro personaje de farándula enfermo por alimentar su ego y necesitada de valoración social. Otra artista de las que pululan por este mundo. En consecuencia, no tenía mucho sentido discutir con alguien así y, por su pésimo ingenio, tampoco iba a ser divertido.

Sin embargo, es interesante destacar el funcionamiento de Twitter, que promueve esta crueldad, falta de empatía con el otro (¿Dónde está? ¿Quién es? ¿Cómo es?) sumada a los comportamientos gregarios de la jauría y la manada. Cuando alguien tiene pocos followers, es un don nadie y se le puede atizar con total libertad. Más aún, si te lo solicita una persona con miles de seguidores, que es importante, tiene acceso a los medios de comunicación y repercusión pública. Ante estos personajes, todos prestos a la llamada, no nos molestamos ni en leer el hilo de la discusión y defendemos los postulados de nuestro líder, aunque se trate de hacer apología de la violencia machistas (Sí, estimada Barbijaputa, es lo que defendiste ayer; pero como tú te podrías pagar un buen abogado, me temo, piensas que no te afecta tanto ese problema social).  El problema es que si esto es triste o patético que ocurra con los humoristas y personajes de relumbrón de los medios, es terrorífico que los economistas superestrellas, como hemos señalado aquí anteriormente, usen los mismos mecanismos sociales. Tenemos un problema grave y, sospecho, las redes sociales no son la solución. Lo seremos las personas, si alguien todavía recuerda que significa la palabra persona.

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