Sep 05

Ha empezado el curso académico y el blog NeG nos brinda un post sobre una investigación académica en teoría de juegos que pretende proponer medidas de condicionamiento para lograr que las mujeres sean más competitivas y ambicionen puestos directivos en los consejos de administración de las grandes empresas. El texto parte de la extendida premisa de que las mujeres son más reacias a participar en situaciones competitivas, tema con una amplia biografía que suele vincularse con su mayor aversión hacia la violencia, la crueldad, el riesgo o su mayor implicación cívica con los bienes colectivos, su menor predisposición a aceptar sobornos o su mayor respeto hacia las normas sociales. En definitiva, un amplia línea de estudio que suele dividirse entre partidarios de buscar una causa biológica a estas diferencias de comportamiento o quienes consideramos que la razón es cultural y se debe a la vulnerabilidad al estereotipo negativo o la autoindefensión adquirida durante el proceso de socialización. Un tema enormemente complejo, polémico y realmente complicado de dilucidar que, como siempre, es olvidado por completo por los economistas, porque la prioridad debe ser publicar y el rigor te suele fastidiar el artículo.

Por lo tanto, se asume que las mujeres deben ser más competitivas y que eso es bueno y se desvincula del resto de cuestiones para proponerse un simple experimento de teoría de juegos que nos permitirá reducir su aversión al conflicto. Las tareas consisten en:

Los participantes en nuestro experimento fueron estudiantes de la UAB, mitad hombres, mitad mujeres. A su llegada al experimento fueron acomodados en dos salas de ordenadores contiguas separadas por una pared de cristal. Los participantes en una de las salas constituían la “generación 1”,  representando a las personas con experiencia que más tarde aconsejarían a las personas de la otra sala, la “generación 2”,  que representaban a las personas sin experiencia.

El experimento empezó con la generación 1. La tarea que tenían que realizar era sumar cinco números de dos cifras durante cinco minutos. Primero se les pidió a los participantes de la generación 1 que realizaran la tarea sujeta a la “remuneración por unidad”, en la que cada persona recibía 50 céntimos de euro por cada suma correcta. Después se les pidió que realizaran la misma tarea bajo una segunda forma de remuneración, la “remuneración por competición”. Esta  consistía en que el mejor de un grupo de cuatro personas, formado por dos chicas y dos chicos, recibiera dos euros por suma correcta, mientras los demás miembros del grupo no recibían nada.  Finalmente, se les pidió a los participantes que volvieran a realizar la tarea, pero esta vez escogiendo de antemano si deseaban ser remunerados por unidad o por competencia. Esta última decisión es nuestro centro de atención.

 

El lector atento ya habrá notado una diferencia radical en los dos sistemas de pagos: si el primero es una recompensa individual en la que todos podemos ganar de acuerdo a nuestro trabajo y, por lo tanto, es justa, la segunda establece un escenario de conflicto en la que el ganador se lo lleva todo y deja al resto, que también ha trabajado, sin nada. Es decir, es esencialmente injusta y arbitraria, ergo nos obliga a enfrentarnos a los demás y desposeerlos de toda posible recompensa (luego, estos se pasan horas y horas diciendo que la economía de mercado no es un juego de suma cero…). Pero, como es evidente, los autores del paper ignoran por completo esta distinción y se limitan a su eufemismo de “remuneración por competición” (debería ser por victoria, que, como todo el mundo sabe, los atletas profesionales sólo cobran por carrera ganada), ya que discutir si los sistemas de incentivos que estamos creando son injustos o aborreciblemente demenciales escapa a nuestras líneas de investigación. A partir de aquí tenemos que:

Los resultados para los participantes de la generación 1 fueron los siguientes: Cuando la forma de remuneración era exógenamente dada no había diferencia significativa entre el número de sumas resueltas por hombres y mujeres. En cambio, cuando se tenía que escoger la forma de remuneración muchas mujeres que habían demostrado ser buenas en la tarea rehuían la competencia y escogían la remuneración por unidad, mientras que hombres de nivel similar tendían a decidirse mucho más frecuentemente por la competencia.

El foco de nuestro trabajo es si esa tendencia de mujeres competentes a rehuir la competencia podía ser en la generación 2 eliminada o al menos moderada tras recibir consejo por parte de la generación 1.

Igual que la generación 1, la generación 2 realizó la tarea primero bajo remuneración por unidad y después bajo remuneración por competencia. Igual que en la generación 1, no hubo diferencia significativa entre el número de sumas resueltas por hombres y mujeres. Antes de que la generación 2 tuviera que escoger entre realizar la tarea bajo uno u otro tipo de remuneración, cada persona de la generación 2 fue emparejada con una persona de la generación 1.

Cada persona de la generación 1 conocía sus propios resultados en relación a los otros miembros de su grupo y los resultados de la persona a la que aconsejaba para los casos en los que el tipo de remuneración venía dado. Sobre esta base cada persona de la generación 1 daba consejo a su pareja respecto a si debería escoger remuneración por unidad o por competición.

Nuestro resultado más importante es que el consejo más que dobla la aceptación de la competencia por parte de las mujeres altamente capaces. Mientras que sin consejo sólo un 40% de éstas decide competir, de las que reciben consejo más del 80% deciden competir. Esto lleva a un aumento neto de la eficiencia de las decisiones. Además, las mujeres que reciben consejo aumentan su confianza en cuanto a sus resultados en comparación con los demás competidores.

Consideramos que este resultado puede ser de gran interés en relación al debate sobre como aumentar la presencia femenina en los puestos de más alto nivel. Primero, indica que una gran parte de la baja disposición femenina a competir se debe simplemente a una baja auto-confianza. Segundo, este sesgo se puede reducir mediante el consejo dirigido de otra persona (a coste muy bajo). Es importante que el consejo se base en el verdadero rendimiento y no se vea influenciado por estereotipos de género. El consejo dirigido de personas con experiencia  para personas que comienzan su andadura laboral puede no sólo guiar las decisiones de mujeres jóvenes prometedoras, sino también hacer reflexionar a las personas con experiencia sobre su evaluación de candidatos potenciales.

El lector atento habrá advertido de nuevo que se omite si el emparejamiento atendió a razón de género. Es decir, que si las mujeres de la generación 2 que fueron más competitivas estaban “aconsejadas” por hombres de la generación 1 que quisieron demostrar su masculinidad mediante la expresión de los rasgos tradicionalmente asociados a la testosterona (agresividad, violencia, competencia…). Esta variable se omite para que no podamos saber si lo que ha ocurrido simplemente es conformidad con la autoridad: el hombre ganador de la primera ronda dice a la nueva participante que debe ser más competitiva y ésta asume que es lo correcto sin entrar a valorar la justicia del procedimiento, como podría haber ocurrido sin esa figura de autoridad. El experimento de Stanford queda lejos de las preocupaciones de los economistas.

Sin embargo, es más grotesco ver cómo la experiencia queda reducida al conocimiento del juego y los jugadores. Señores economistas, experiencia no es eso. Experiencia es el conocimiento directo de las consecuencias de nuestras decisiones. Jugar a un juego no otorga ninguna experiencia vital (deberían dejar de rodearse de nerds adictos a los videojuegos). La experiencia es el conocimiento directo de las consecuencias de haber priorizado la carrera profesional por encima de las inquietudes personales. La experiencia es saber si mereció la pena ser el mejor en un ámbito laboral que no premia el trabajo como dice el artículo, sino la predisposición a la obediencia y entrega absoluta a la superioridad (hacer estas sumas no es una tarea complicada ni gratificante: es una rutina y la ejecución de rutinas es una buena forma de medir la predisposición a la conformidad y la obediencia, que es lo que están realmente midiendo estos investigadores, no el mérito, el talento o la capacidad). La experiencia es entender el significado trascendente de las decisiones que cambian las cosas y las decisiones que se toman en un juego no cambian nada, por eso es un juego. Obviedades que, por lo visto, se olvidan para doctorarse a gusto del mainstream económico.

2 comments so far

  1. 1 Jordi Llanos
    1:16 pm - 9-6-2014

    Impecable entrada, hacia días que no pasaba por NEG pero veo que mantienen el nivel, impasible el ademán. Hace un tiempo leí el libro “economic fables” por uno de los mayores expertos en Teoría de Juegos que hay en el mundo, Ariel Rubinstein, que cuestionaba severamente la aplicabilidad real, o tal como suelen hacerla los economistas. En casi todas las ocasiones, las restricciones impuestas en los “juegos” para que sea factible su solución, como la determinación de un precio en un mercado oligopolístico, pueden y son ignoradas en la realidad, con lo que sus conclusiones son de escasa o nula aplicabilidad. Pero como bien comentas, eso no es impedimento para seguir publicando lo que sea por irreal o absurdo que sea.

    Saludos

  2. 2 SIRERA MIRALLES
    1:40 pm - 9-6-2014

    Hola Jordi,
    pues el post dedicado a la crítica de Acemoglu and Robinson a Piketty es todavía más mediocre. No le he dedicado nada en el blog, porque me pasé en Twitter discutiendo del tema el día que salió el paper de A&R.
    Sobre teoría de juegos (la pestaña del mismo nombre recoge entradas que dicen exactamente lo mismo que comentas de Ariel Rubinstein que, por cierto, KEyNES ha criticado a NeG usándolo y Cabrales contestó en plan: ese no tiene ni idea, es un anticuado), lo más gracioso del tema es que yo usaba bastante la TG en mis clases de Relaciones Internacionales como metáfora para ilustrar y formalizar un poco los procesos de toma de decisiones. Me parece una herramienta útil para visualizar situaciones de conflicto y todavía más útil para explicar lo rápido que construimos trincheras mentales que después resulta imposible librarse de ellas, pero cuando vi cómo los economistas usaban la TG (fue haciendo un curso en Coursera, alguna vez tendré que escribir sobre la experiencia) me quedé alucinado del nivel de abstracción reduccionista simplista que usaban como si fuese la realidad. Pero hay que publicar y todo vale. Cada día estoy más convencido que sólo es eso: publicar para promocionar. Ni convicción, ni curiosidad por lo que escriben, ni la más mínima comprensión… como podrían ser haikus o cartas astrales. Da completamente igual.
    Saludos.