Feb 13

Para su información: la Universidad Española no existe

Posted in Consenso Educación Integridad Comments Off on Para su información: la Universidad Española no existe

Nota: artículo del 2 de diciembre de 2014 que fue enviado a eldiario.es e, imagino, desestimado. Lo publico aquí por haber tratado en un post anterior problemáticas de la uni española.

El tema de la endogamia universitaria vuelve a estar de moda. Los columnistas de los periódicos vuelven a escribir sobre la Universidad Española y, más terrible aún, muchos académicos y profesores universitarios repiten los cuatro lugares comunes: los habituales lamentos de mediocridad, caciquismo, compadreo, impunidad, vagancia…

Todo el mundo asiente con la cabeza ante este desfile de pecados patrios, ergo la verdad está probada y demostrada. Ahora bien, pocos se preguntan qué es la excelencia, qué es la selección objetiva, qué son las buenas prácticas, quién fiscaliza a quién o cómo se mide el trabajo de un servidor público más allá de contar si cumple con el simple desempeño de horas asignadas. A título personal, no me sorprende que la mayoría de nuestros arbitristas universitarios que se lamenta en la prensa ante tanta indecencia no entre a discutir las problemáticas soluciones, porque, por lo general, ellos ya tienen la respuesta: yo y los míos somos los mejores, los malos son los otros. Por lo tanto, cuando escucho la monserga habitual, ya sé que esto va de míistas contra otristas.

El sistema universitario es tema complejo como pocos, porque bajo sus redes se forman los expertos, los científicos, los políticos… es decir, todas aquellas personas que tienen un conocimiento y competencia superior al del resto de mortales. Un saber que les permite estar fuera del control democrático de la plebe y ocupar todos los espacios de poder. Probablemente, las excepciones a esta máxima en España son el ejército, la Iglesia y la Casa Real, pero para cualquier otra ocupación con pedigrí suelen pedir, como mínimo, título superior. Esto explica que el rendimiento de cuentas sea tarea titánica, porque nadie tiene la competencia necesaria para determinar si se contrató al mejor excepto la propia comunidad científica de esa área de conocimiento, pero el problema es que la comunidad científica rara vez tiene un indicador que permita medir con precisión quién es el candidato con mayor valía y todos los que puedan usarse sesgan a favor de unos y contra otros. A título de ejemplo, mi CV es fuerte en publicaciones internacionales, pero me he encontrado ante tribunales que infravaloran sistemáticamente las publicaciones internacionales, hecho que me ha metido en recursos y luchas varias para lograr sobrevivir en esto del mundo académico (a día de hoy, estoy fuera de la universidad, luego no me acusen de corporativismo o querer defender mi posición).

Por todo esto, si queremos construir los mecanismos adecuados para lograr la fiscalización del sistema universitario, necesitamos de una sociedad que valore su universidad y que tenga el suficiente conocimiento sobre la materia para poder decidir el modelo de sistema universitario que prefiere. Y aquí volvemos al problema de inicio: se trata de un tema complejo del que muy poca gente sabe en realidad. Todos quieren soltar los cuatro tópicos, pero pocos quieren leerse las leyes y reglamentos que regulan estos monstruos burocráticos que son las universidades, sin contar con las agencias que deben controlarlas y añaden más burocracia a la cuestión. De igual modo, menos son los que quieren leerse la ingente cantidad de bibliografía que existe sobre el sistema universitario norteamericano, francés o alemán. En consecuencia, desengáñense: no se puede formar una comisión de expertos para reformar la universidad española, porque dichos expertos no existen.

Esta pereza intelectual se evidencia cuando todo el mundo habla de la universidad española como si hubiesen visitado todos los centros universitarios del país con sus respectivas facultades. A día de hoy, la mayoría no se da cuenta que casi todos escriben relatando anécdotas y experiencias personales que imputan a la “Universidad Española”, cuando en realidad se refieren a una titulación concreta impartida en una facultad concreta. Un hecho que, en todo caso, puede ser significativo o ilustrativo de una facultad. Y aquí vamos a uno de los aspectos más característicos del sistema universitario español: cada facultad es un mundo. Como consecuencia de nuestro sistema institucional, el auténtico ámbito de decisión sobre cuestiones como a quién se contrata como profesor, cómo se diseñan los planes de estudio o cómo se forma a los alumnos radica en las facultades. Eso explica que en un mismo campus universitario existan facultades con gran nivel de exigencia y buenas prácticas justo al lado de otras con nefasta reputación. También explica el porqué de la supuesta mediocridad de la universidad española: en casi todos los centros universitarios hay ejemplos de lo mejor y de lo peor en apática convivencia.

Es en este punto cuando los fascinados por el modelo norteamericano nos cuelan su discurso de que la implementación de las prácticas de economía de mercado en las titulaciones universitarias nos permitirán quedarnos con lo mejor y eliminar lo peor, que la disciplina de mercado gracias a la competencia elevará la exigencia y no sé cuántas tonterías más. Es justo, en este momento, cuando más se necesita una opinión pública informada, una sociedad conocedora del problema de la burbuja universitaria que sufre los Estados Unidos, una sociedad que entienda que el conocimiento es un bien común que no se puede privatizar, que toda la información no está contenida en el precio de una titulación, y muchas, muchas cosas más.

Una sociedad que tenga, después de todo, la capacidad de leer críticamente y entender las publicaciones científicas que genera la propia universidad, porque el peso y la influencia que tienen los expertos y su conocimiento para condicionar nuestras vidas son enormes. Por lo tanto, la sociedad necesita personas que escriban con conocimiento y claridad sobre la universidad y no tanto académico soltando tópicos de barra de bar en la prensa o en tertulias radiofónicas con la esperanza de que el próximo ministro de turno lo nombre como experto para la reforma universitaria.

Comments are closed.