Historia versus Economía

Un académico contra el imperialismo económico

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Ignacio Sánchez-Cuenca, mass media y la operación Canalejas

Ignacio Sánchez-Cuenca es alguien muy importante. Es probablemente, después de Juan José Linz y Jose Antonio José María Maravall, el académico que más poder político ha tenido en la España democrática, ya que, precisamente, es su heredero. Él es el jefe del CEACS de la Juan March-UC3M, el colegio invisible que como he explicado en anteriores ocasiones en este blog, ha configurado la narrativa política conocida como Cultura de la Transición gracias a la Teoría de la Modernización, tal como he analizado en mi último artículo publicado en History of the Human Sciences.

No es sólo que esté día sí y día también publicando en Infolibre, Contexta, El País o eldiario.es. Es que ha sido compañero o es el superior de todos los analistas del blog Piedras de Papel. Si alguien considera que exagero, debe leer el reportaje los cerebritos de la izquierda publicado por El Siglo. Allí los académicos formados en la Juan March se dan golpecitos en la espalda unos a otros, están encantados de haberse conocido y nos explican cómo van a salvar a la humanidad y a la izquierda. Era el 2012, antes de que sus despreciados colegas de la Universidad Complutense de Madrid se les adelantaran con lo de Podemos y la tradicional enemistad que había entre ellos se recrudeciese.

Y es que Podemos y sus líderes, politólogos de profesión, han sido durante casi un año un constante objeto de ataque de los politólogos de Piedras de Papel o de Politikon, con Ignacio Urquizu a la cabeza, de una sarta de tremendistas alertas sobre los peligros de los populismos que producían entre hilaridad e indignación en las redes. Al fin y al cabo, no hacían más que repetir los mantras que aprendieron en la Juan March y que Juan José Linz se trajo de Estados Unidos a España para poder justificar los golpes de estado de una forma más científica y presentable que la empleada por el caudillo y los falangistas.

Sin embargo, parece que los cuentos de los todólogos alertando de los peligros de la democracia han llegado a su fin, porque ayer Ignacio Sánchez-Cuenca publicó un sorprendente artículo en Contexta titulado la fatal arrogancia (europeista). No es largo y no está muy bien escrito (entre sus méritos no se cuenta una poderosa prosa o un agudo sentido de la ironía), pero el texto no puede más que dejarme patidifuso:

Lo sorprendente es que los países más afectados no solo no se han unido en una coalición para oponerse al sinsentido de las políticas de austeridad, sino que sus élites políticas no han revisado su europeísmo granítico y, con su fatal arrogancia, continúan comprometidas con el proyecto del euro al margen de, o más allá de, sus costes sociales. En nombre de una incuestionada integración económica y política de Europa, se acepta sin pestañear, como un mal menor, que amplias capas de la población queden en situación de exclusión.

A pesar de los estragos de la crisis en sus países, los europeístas del sur de Europa siguen manteniendo que el objetivo de la unión monetaria es irrenunciable. Defienden su posición apelando a los altos fines a los que aspiran, una verdadera unión política que supere los Estados nacionales. En todo caso, afirman, la solución no estriba en desandar el camino, sino en proseguir y alcanzar de una vez la suficiente integración política que permita poner en práctica la unión fiscal. Hay que porfiar, hasta que se desbloquee la situación actual y demos un nuevo paso hacia una unión más estrecha entre países.

La gran pregunta es esta: ¿cuánto podemos aguantar antes de revisar la estrategia? O, por decirlo de forma más directa, ¿cuál es el plan b de nuestros europeístas si la unión fiscal finalmente no llega? ¿Seguimos esperando indefinidamente, mientras los ciudadanos en posición más vulnerable continúan sufriendo? ¿Cuál es el umbral de sacrifico a partir del cual el proyecto europeo deja de tener sentido? Que los europeístas del sur de Europa no tengan respuesta ante estas preguntas es la manifestación más diáfana de su fatal arrogancia.

Resulta extraordinariamente paradójico que el debate sobre la unión monetaria y la actual hegemonía de Alemania sea más vivo en la propia Alemania que en nuestro país. Mientras que en Alemania hay un grupo importante de intelectuales progresistas (Jurgen Habermas, Claus Offe, Fritz Schaprf, Wolfgang Streeck, Hans Magnus Enzensberger, entre otros) que cuestionan críticamente el estado presente de la UE y el papel que desempeña su propio país en la imposición de las políticas de austeridad, en los países del Sur y, especialmente en España, las élites intelectuales continúan aferradas a los mismos ideales de siempre, sin asimilar que la situación se ha vuelto insostenible.

El europeísmo acrítico de la inteligencia española es el más extremo del sur de la UE. Hunde sus raíces en la tradicional desconfianza de nuestras élites hacia su propio país, en la idea de que España no tiene otro remedio salvo aquel que pasa por Europa, según la célebre fórmula de Ortega que todavía se usa hoy de forma indiscriminada y fatigosa en nuestro debate público. En España, hasta el Partido Comunista fue rabiosamente europeísta en los albores de la democracia (a diferencia, por ejemplo, de su homólogo portugués). 

La sociedad española también era intensamente europeísta, pero durante la crisis ha dejado de serlo. Hoy la actitud dominante que revelan las encuestas es de decepción y de crítica. Se ha consumado así un divorcio entre la sociedad y sus élites, que continúan siendo rocosamente europeístas. 

Resulta desolador que las élites españolas se resistan a abrir un debate a fondo sobre las ventajas e inconvenientes de nuestra pertenencia a la unión monetaria. Revela no solo falta de confianza en el país, sino también una rigidez intelectual rayana en el dogmatismo. Y, conviene añadir, revela además indiferencia hacia aquellos que más están padeciendo en su vida diaria las consecuencias de un error político original que hoy tiene mal remedio. 

Considerar que el ideal europeísta se debe mantener a pesar de los males sociales que genera es, sin duda, una manifestación de fatal arrogancia. Consolarse imaginando una unión fiscal de muy improbable realización tan solo sirve para adormecer la conciencia.

Como es lógico, ver escribiendo esto al jefe de los politólogos con los que me he enfrentado personalmente por estas cuestiones y que a mí y a otros nos han llamado locos, charlatanes, populistas, totalitarios, bolivarianos, ignorantes, irracionales y ya no sé cuántas cosas más por intentar criticar a la Unión Europea resulta grotesco. Llevan décadas limitando el debate público por el bien de la autoridad científica que ellos representan para evitar que los demagogos alimenten el populismo y hagan colapsar el sistema y ahora es como si todo esto no fuese con ellos. Hace un año fui censurado por intentar, precisamente, abrir este debate en los medios de comunicación de izquierdas. Durante años he visto lo fácil que escalaban y trepaban en la academia los investigadores que aplaudían acríticamente a esa elite española monolítica y en algunos casos gracias precisamente a la intervención de Ignacio Sánchez-Cuenca. Por todo esto, no puedo más que sentir una gran estupefacción. Una gran sorpresa. Qué gran cambio de chaqueta, parece casi como si un falangista se hiciese socialista, una cosa que nunca hemos visto en este país y a la que Morán no ha dedicado ningún libro.

No obstante, la pregunta es por qué con tanta osadía Ignacio Sánchez-Cuenca se reposiciona para liderar el cambio de rumbo de nuestras elites intelectuales con el propósito de cabalgar sobre la indignación popular. Aquí la explicación me la dio el sagaz analista Francesc Miralles: Ignacio Sánchez-Cuenca es del sector chaconista del PSOE y se están acercando a Podemos para intentar la coalición. Los populistas y detestados enemigos de antes son ahora los posibles aliados y hay que cambiar el discurso. Esto justamente el día que Pablo Iglesias hizo volar a Monedero. Será verdad que, al final, le gusta mucho Juego de Tronos. En definitiva, la operación Canalejas o el acercamiento PSOE-Podemos que, como es obvio, está liquidando toda la base social de apoyo a Podemos.

Sin embargo, puede que estos queridos profesores de universidad, ya sean de la UC3M o de la UCM, que quieren jugar a dirigir el país y dirimir poltronas crean que es posible hacer malabares retóricos que, al final, les permitirán confluir y gobernar sabiamente a la masa. El problema es que Ignacio, acabas de abrir el debate sobre la pertenencia al Euro sólo por oportunismo político, pero, en breve, descubrirás a tu pesar que ese debate ya no puede cerrarse. Hace catorce años, en una de esas giras que los intelectuales y los economistas hacían por las universidades de provincias para explicarnos las maravillas del euro, no tuve demasiados problemas para dejarlos en ridículo y demostrar que carecían de argumentos más allá del wishful thinking, a pesar de que sólo era un estudiante de una insignificante titulación como Historia. Los organizadores me sacaron fulminantemente de la sala por no hacer el tipo de preguntas que se esperaba de nosotros (sólo podía preguntarse por las becas Erasmus, parece ser). El resto de asistentes entendió rápidamente qué te ocurre por cuestionar al Euro. Bienvenido al club, aunque sea tan tarde

SIRERA MIRALLES

Carles Sirera Miralles (València, 1981) is a Spanish historian and adjunct professor in the University of Valencia. His principal lines of research focused on the problems of the democratization in Europe, especially during the end of Nineteenth Century and the beginnings of the Twentieth Century. As social historian, he has wrote about the sports and sociability and his thesis, Un título para las clases medias, is one of the most completed and relevant studies on the subject of the secondary school in Spain. His intellectual influences are the Alltagsgeschichte school, Norbert Elias, Fritz K. Ringer and all historians who, although the limitations of our discipline, think that is possible reach some kind of valid, useful and interesting knowledge.